¿Teléfono rojo? Velcoro y Kubrick no pueden sonar mejor.

By 11 julio, 2016cine, general, musica

¿La clave para un sábado de Film-Nic? Un buen directo y cine de altura. Si el calor viene dispuesto a quedarse, al menos que nos pille en mitad de un buen plan en las noches de sábado. Un solar con césped artificial, hamacas y barra de rigor a la que acudir para refrescar el gaznate; cerveza en mi caso… en lo que se refiere a la elección ajena, allá películas. Y si son películas de Kubrick, mejor.

El pasado sábado, los zaragozanos Velcoro no pudieron escoger mejor combo para su primera actuación en el solar de Film-Nic. Porque Kubrick es sinónimo de cine de altura, pero también por la manera en que resolvieron su directo, con un acústico al que no nos tenían acostumbrados. Si el problema radica en que no estamos acostumbrados a escuchar sus canciones en formato acústico, que no se preocupen, ya que dado el resultado pueden repetir el experimento sin problema.

Todo acinéfilo/cinéfago sabe que el cine es un arte que no entiende de géneros ni de épocas. Film-Nic es prueba de ello, apostando por una programación que cuenta con títulos que van desde el cine de Hitchcock hasta el de Wes Anderson. Y así lo entienden también los grupos que actúan en el cine de verano de Las Armas, puesto que son ellos mismos quienes escogen las películas que acompañan a sus conciertos. En esta ocasión, el sonido de Velcoro nos demostró que este ejercicio de inclusión de géneros y épocas también tiene cabida en la música, por si algún despistado necesitaba recordarlo. Lo bonito de la música, al igual que ocurre con el cine, es que pasadas dos décadas seguimos disfrutando con las anémonas de The Brian Jonestown Massacre, del mismo modo que en pleno 2016 todavía nos partimos la caja con Peter Sellers.

Para quienes necesiten etiquetarlo todo, Velcoro aglutina sonidos y colores, fundamentalmente los de la década de 1960 que sonaron con fuerza hasta bien entrados los años 90. La esencia del acid-rock dentro del ámbito del rock psicodélico con tintes propios de… Mira, qué más da. Suenan bien, ya lo de la barahúnda etiquetadora os lo dejo a vosotros. En mi caso tenía curiosidad por escuchar al grupo en un concierto acústico y me ocurrió lo que a todos cuando nos gusta un concierto, que se me hizo corto pese lo que el reloj dijera. El ambiente de Woodstock a pequeña escala, de pies descalzos en el césped, ayudaba. Y es que esas maravillas anacrónicas del Film-Nic de las que hablaba antes van más allá de la música y el cine, que no por ello desmerecen.

Si disfrutas de un concierto y resulta que el grupo también tiene buen gusto escogiendo películas, pues mejor. Me remito de nuevo a mi monotema con todo eso de los anacronismos: benditos sean cuando tratan acerca de jóvenes que, a la hora de escoger una película, optan por una obra maestra de hace medio siglo. Como joven y viejoven, aplauso por la elección de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964, Stanley Kubrick). Y reprimenda a quienes consideran que ser hijo de su tiempo está reñido con que, a la par, su tiempo sea hijo de todo lo anterior.

Lo dicho… Los sábados son para el Film-Nic. Hasta las 21:00 puedes montártelo como quieras, y cuando acabe la película más de lo mismo. De momento el día 16 tenemos una cita con otro buen combo de música y cine: acústico de My Expansive Awareness y proyección de Slacker (1991, Richard Linklater). Yo os espero en Las Armas para hamaquear un rato, y rompemos entre todos esa leyenda urbana que dice que lo mejor del verano son las ganas previas.

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