Peaky Blinders y los asombros

Peaky blinders es, por si alguien no lo sabe, una serie inglesa del canal BBC Two. Y como tantas cosas que nos llegan del Reino Unido, es gloriosa. No tengo tiempo para engancharme a series, así que en su día me colgué de las sí o sí, con lo que llevaba limpio una buena temporada. Pero, ¿cómo lo diría? Quizá lo pueda resumir en algo así como: jo-der.

Toda persona de bien desea que Coppola nunca haga El padrino IV porque sabe que los clásicos es mejor dejarlos donde están. Pero por otra parte, esa misma persona de bien suspira por ver El padrino IV, habida cuenta de que la trilogía no es ilimitada. Con Peaky Blinders, podría decirse, se satisfacen ambos pareceres. Es una historia de mafia, de crecimiento y de cierto código ético. Un código que, como sucede con El padrino, está relatado de tal manera que te lleva a la conclusión de que es el correcto. En la cumbre de su maldad, Michael Corleone te cae bien. Algo parecido pasa con Tommy Shelby y que nadie se preocupe, no estoy contando más de lo que debo, que es lo que se puede ver desde el primer capítulo.

Además, esta producción es también un caramelo para historiadores, ya que en la trama se ven implicados los pasajes que enmarcaban la situación de la Inglaterra de 1919. El auge del comunismo, los tambores de preguerra que retumbaban desde Belfast y los temblores de postguerra que se colaban en los sueños de quienes habían estado comiendo barro en las trincheras de Verdún o Somme.

Todo ello enjuagado con el comportamiento (¿innato?) de algunos hombres que encuentran sus escrúpulos en una línea recta que no siempre tiene que coincidir con la estipulada por la ley. Entra aquí de lleno la capacidad de cada cual. Raciocinio, violencia, carisma y fuerza se reúnen en un caballero de triste figura, el citado Tommy Shelby, llamado a liderar una lucrativa organización de apuestas de caballos situada en Birmingham. Apuestas. Caballos. Una familia criminal. Si has leído hasta aquí, ¿no te parece que este cóctel tiene muchos ingredientes grandiosos?

Siempre opino que, por encima de todo, lo que hace grande o ínfima a una película o una serie es el guión. Nada puede arreglar un mal guión y cuesta cierto esfuerzo arruinar uno solvente. Pero en este caso el peso del guión comparte importancia con la envergadura del protagonista. Shelby es interpretado por Cillian Murphy, una de esas joyas que de vez en cuando nos llegan del otro lado del Canal. Un hombre hierático capaz de decirlo todo sin mover un milímetro de la cara. Un tipo por el que valdría la pena convertirse en fumador empedernido. El resto del elenco es grandioso, destacando Paul Anderson y Helen McCrory, Noah Taylor, Tom Hardy e incluso Sam Neill, que gracias a aparecer en esta serie ya no me parece tan pringao como cuando lo veía en Parque Jurásico.

La ambientación, los decorados, la iluminación de interiores (que en estos años sufrió el viraje hacia el punto en que estamos ahora, por cierto), los vestidos o la banda sonora. Una música totalmente anacrónica y perfectamente encajada en cada secuencia, a la manera de lo que sucede con unas formas en la dirección totalmente contemporáneas. Peaky Blinders ha sido para mí un gran motivo de asombro.

¿Y cuál es el otro motivo de asombro? Pues que aquí no sea mucho más conocida. En fin, uno hace lo que puede. Como por ejemplo, escribir un post como el que aquí termina.

One Comment

  • Rafael dice:

    Es una serie genial, con un guión, ambientación, vestuario, sonido, todo es fenomenal. y lo más importante la interpretación de todos los actores y actrices es magistral.
    A años luz de lo que se hace aquí

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