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El mercado de temporada: De alacenas llenas en temporadas soñadas…

By 15 noviembre, 2017gastronomia, general

Amasan la tradición y recolectan lo moderno: Pan, cerveza, vino y queso, el placer conmutativo que demuestra que entre la paz y la sonrisa, en la alacena del alma, siempre hay espacio para lo más prosaico: un buen alimento.

Para esta ocasión, escuchen al viejo trovador, el señor Neil Young, recogiendo el grano mientras silba una tonada que dice: Soñar, soñar, / Déjame llenar tu copa/ Con la promesa de un hombre. Entonces el pan de masa madre llegará desde Zaragoza, con la luz del trigo desde la Panadería Pinilla. Y pan, solo pan, con beso de leche y cuajo, con la untuosidad del Gambar, de la Val, de Sieso, el salvaje viento del Moncayo, brujas y apetito desde Trasmoz. Mezclar pan y queso, queso y pan, es una colaboración clásica que siempre deja satisfecho.

Es de recibo aposentar lo sólido con una ofrenda a baco, porque el agua es un ingrediente necesario más, a veces, un aburrido acompañante: Desde las Cinco Villas a la frontera con Castilla, con los bilbilitanos vinos divertidos, el vino de Borja con sabor a falda del Moncayo o el desierto de Lanaja donde las capitanas susurran palabras de Cristina Grande…y qué decir, más allá de Ceris opus infundite y entre las dulzuras, porque Steve Huxley dice que la cerveza es poesía líquida, así que los versos del norte, con cervezas oscenses -con ese agua con sabor a piedra y roca-, o desde Rubielos de Mora, tan lejos que solo lo apetitoso se permite el lujo de fermentar allí…lúpulo y alcoholes para alegrar el espíritu con las zaragozanas, la Ordio Minero, 976 o las Roya. Y de nuevo, como siempre, desde Tarazona, el Moncayo, padre generoso, ofrece también su claridad cervecera.

En esta ciudad donde las callejas saben a plástico y enlatado, a aceite de palma y queso de bote, se agradece un monento para el relajo, para acercarese a la línea del horizonte, más allá de los límites de la ciudad y sus circunvalaciones, lugares donde el tiempo se estira y da forma, como un amanuense del paladar a deliciosos manjares. Una vez por temporada, en la plaza de Las Armas, protegidos del cierzo y achispados de vida, acérquense y disfruten. ¿Cuándo? El tercer domingo de cada mes.

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