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La Placica Vintage, un viaje al pasado

Muchos autores nos han hecho reflexionar sobre el parecido de las ciudades con los electrocardiogramas, electrocardiogramas con puntos álgidos y depresiones -casi- hasta el infierno. Representaciones en las que no queda espacio para la inactividad. Porque en una ciudad, hoy en día, no hay espacio para la muerte. De hecho, no hay espacio para casi nada. Nos cruzamos unos con otros en un baile casi frenético que a veces confundimos con la vida, un baile en el que se suceden los días, casi idénticos y fugaces. Un baile que acaba por dejarnos exhaustos. Un baile en el que las pulsaciones desorbitadas dan paso a una paz mortífera.

Pero esta paz no siempre se ve reflejada en el total de arterias que conforman cada ciudad, y no siempre se evidencia en todos los seres que pueblan sus calles. Por fortuna, existen –y existirán– rincones e individuos que no permiten que sus latidos dejen de escucharse.

Zaragoza este domingo fue ejemplo de ello. Colores, formas, objetos y melodías rompedoras inundaron La Plaza de las Armas desde las once de la mañana, dejando que todos los que por ella transitaron pudieran, al menos durante unas horas, rememorar o vivir por primera vez épocas pasadas. Los tocadiscos, las cámaras analógicas, los discos de vinilo y los pantalones de tiro alto se mezclaron con la añoranza presente en los rostros de los transeúntes y los graffitis que decoran las paredes de la plaza, hasta conformar un eclecticismo no exento de encanto.

Pasada la una de la tarde, un sonido eléctrico comenzó a reunir a la gente en torno al escenario habilitado en el patio principal.

El grupo neoyorquino Baby Shakes, compuesto por dos guitarras eléctricas, un bajo y una batería, fue el encargado de anegar la plaza de rock and roll. Sus melodías alegres, sus voces agudas, el acento americano con el presentaban sus canciones y alguna canción inédita, embrujaron a mayores y niños, que permanecieron allí hasta el final de la actuación.

Así, la XI edición de la Placica Vintage despertó, una vez más, a la urbe de ese letargo en el que parece estar sumida los domingos por la mañana y nos demostró que la nostalgia del pasado, a veces, puede tener los mismos efectos que la cafeína en esos vasos sanguíneos que llegan directos al corazón.

Y como los despertares siempre suelen ser continuos, volvemos el 6 de Noviembre con una nueva edición de La Placica Vintage.

Toda la info del mercadillo aquí: La Placica Vintage XII

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