Cuentos de Navidad: Una guitarra especial

By 13 diciembre, 2016general

E. nunca había sentido la más mínima afición por la música. Se puede decir que incluso le tenía una cierta manía. Mejor dicho, no consideraba que ninguna música, por hermosa que los demás la consideraran, fuera más bella que el silencio. Se había hecho esta reflexión y así se la había transmitido a sus padres, que se alarmaron por dos cosas. Su preocupación venía del hecho de haber llegado a una conclusión tan madura teniendo sólo siete años y, sobre todo, porque ambos eran músicos frustrados. Siempre habían proyectado en E. sus deseos de disfrutar de la música, pero esa intención se desvanecía conforme el chico iba creciendo. No le gustaba oír música. ¿Acaso era posible que llegase a tocarla? Finalmente desistieron de sus intentos, que habían consistido durante años en poner discos a muy bajo volumen, para que el niño fuera escuchándolos de una manera inconsciente. Pero él siempre manifestaba una pequeña incomodidad al respecto y es por ello que abandonaron toda esperanza.
Sin embargo, una mañana de Navidad sucedió algo inesperado.
E. se levantó y, a los pies del árbol encontró una caja envuelta en un hermoso papel de regalo rojo. Sus padres se miraron sorprendidos, inquisidores. E. no esperaba un regalo tan grande y se lanzó ansioso a abrir la caja. Dentro de ella había una funda con una forma muy característica y le decepción se dibujó al instante en su rostro. Porque contenía obviamente una guitarra. Sus padres se volvían a mirar entre sí y se preguntaban con los ojos. ¿Quién quiere una guitarra? ¡Si no me gusta la música! Chilló E. mientras dejaba la funda en el suelo. Verdaderamente parecía un regalo hecho a traición. Su padre cogió la funda. Ábrela al menos, ¿no? Aunque sólo sea por curiosidad. Y aunque E. no estaba ni mucho menos por la labor, entendió que le iba a costar más negarse a dar ese pequeño gusto a su padre que abrirla. Así que deslizó la cremallera y sacó la guitarra. Fue cuando la tenía cogida por el mástil que vio un papel blanco pegado al reverso de madera. ¿Qué sería eso? Lo despegó y le dio la vuelta. En unas hermosas letras doradas se podía leer:
Esta es una guitarra mágica. Sus cuerdas son especiales y el cedro con la que fue fabricada es sobrenatural. Quien la toque tendrá el don de cautivar a su público con las más bellas melodías.
E. no entendía nada, pero ese mensaje le dejó asombrado. Ciertamente, a cualquiera le hubiera desconcertado. Sus padres estaban todavía más maravillados que él. Tócanos algo, E., le pidió su madre. Y E. contestó lo único que podía contestar. No sé tocar nada, dijo. Pero su madre insistió y de nuevo, por no resultar arisco, E. accedió a sus deseos. Rasgó las cuerdas con fuerza. Y del interior de la caja de resonancia salió un ruido horrible. Sus padres esperaban magia y quedaron decepcionados. También E., que sentía curiosidad ante la perspectiva de haber hecho música. Un momento, dijo E. Lo pone en el papel, esta es una guitarra mágica. Esperad un momento. Volvió a rasguear, ahora con un poco más de suavidad y volvió a oírse un feo sonido, si bien ahora era un poco menos desagradable por la dulzura con que lo había tocado. ¿Y si…? Dijo E. intentando recordar una canción que cantaban en su colegio. Era muy sencilla así que al cabo de unos cuantos intentos pudo con ella. Y al oírse a sí mismo tocando esbozó una sonrisa. En ese momento recordó otra canción que le gustaba mucho a su mejor amigo. ¿Y si…? pensó para sus adentros. Sus padres se sonreían complacidos, no entendían nada. Su hijo estaba tocando la guitarra y ellos no entendían nada.

Campus de Navidad. Escuela de Rock

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