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La Pasión según Malikian.

Lugar: Sala Mozart, Zaragoza.

La Pasión comenzó a cámara lenta, casi en plena oscuridad. Y en algún momento un aguijón acertó en las manos de los artistas. Todo se desencadenó mientras Ara Malikian se desataba. Los demonios salían de su madera y en ella encerraba al público. Fue un apasionante comienzo que llevó al concierto a lo más alto desde el principio. Echó los comodines al tapete en su primera mano, y su honestidad consistió en no apearse de ese juego durante las dos horas y media que duró el espectáculo.

Tenía las mangas llenas de comodines, y me atrevería a decir que la más importante estaba fuera de su virtuosismo, porque Malikian es también un impactante frontman más allá de su instrumento. Su aspecto de habitante de caravana zíngara le precede, su simpatía le confirma y su ironía pone la rúbrica. Es un tipo encantador, su historia es encantadora y le gusta narrarla. Empezó explicando que el concierto era un viaje por varios países y no defraudó. En la misión de hacer viajar al respetable se hizo acompañar de seis músicos que secundaban a la perfección el concepto de show de Malikian. Viola, violonchelo, tablas indias, contrabajo y percusión fueron el pasaje de este magnífico viaje. Música, coreografías, miles de culturas y felicidad. ¿No es un cóctel glorioso?

Y en ese periplo hay una idea más allá de mezcla, porque tienes la sensación de que alguien te quiere convencer de algo bueno. Es cuando te das cuenta de que en el fondo Ara Malikian es un pedagogo. Tocar música de todo el mundo y para todo el mundo, esa es su Pasión. Su hermosa historia vital nos empuja a la simpatía con el hombre, y la mezcla nos invita al disfrute de la música. Por eso en ese violín cabían Bach, Radiohead, Sarasate, Led Zeppelin o Falla. Y muchos más. Y cabía un espectacular juego de luces. Y cabían a la perfección zapateados flamencos, y encajaba ver al genio tocando desencadenado espalda en suelo, y se ovacionaba un homenaje a Paco de Lucía. Y hubo momentos para el lucimiento de cada uno de los apasionados compañeros de fatigas, entre los que se adivina una relación mucho más que profesional.

Afecto + Sincronización = Arte. Un olímpico Malikian corría tocando entre las butacas de la Sala Mozart para llegar al escenario en el final exacto de la pieza. Todo fue un gran espectáculo y el público vivió una gran noche que pagó aclamando a los músicos en pie. Definitivamente fue uno de esos conciertos en los que cada uno se pudo ir con un buen trozo de Pasión a su casa.

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