La banda sonora de nuestras vidas

By 13 abril, 2018cine, general, musica

 Star Wars. El Señor de los Anillos. Psicosis. Harry Potter. El Padrino. Tiburón. ¿Os suenan? La pregunta es literal. Es fácil que leyendo estos títulos tan populares hayáis ubicado en vuestra memoria el tema principal de cada película. Si no, estamos seguros de que ahora sí. Lo mismo ocurre si ahora mencionamos a James Bond, Jack Sparrow, o a la Pantera Rosa. Las bandas sonoras son parte de un producto pero, en ocasiones, son tan icónicas que, incluso fuera de contexto, o sin haber visto el largometraje en cuestión, resuenan en la cabeza de muchos. Y es que la música en el cine, en las series, o en los videojuegos tiene una fuerza que va más allá del mero acompañamiento. Aunque no siempre nos demos cuenta.

 La banda sonora instrumental tiene el poder de contar tantas historias como las palabras de un guion, pero de forma mucho más sutil. Porque la música no es una sonrisa, una lágrima, un diálogo o un rostro asustado: es simple y pura emoción, traducida a notas musicales, susurrada al oído de todos sus espectadores. Provoca una conexión delicada a la par que intensa con el relato. Es un murmullo tan poderoso que, en cuanto desaparece, se percibe, porque se rompe esa experiencia de inmersión tan especial. El silencio es incómodo. Más de lo que pueda parecer.

 Sin embargo, las bandas sonoras van más allá de esa experiencia emocional momentánea. Hay algo que nos impulsa a tararear una melodía de película, a ponernos el tema de Expediente X de politono (como el protagonista de The Big Sick, allá cuando todavía estaban de moda esas cosas). Estos temas musicales evocan de tal forma que, incluso fuera del contexto de la historia a la que acompañan, generan ese mundo de ficción a su alrededor. Permite que imaginemos algo distinto, que soñemos despiertos, que creemos de cero versiones alternativas de ese relato. Un poquito como cuando vamos por la calle con los auriculares y nos sentimos protagonistas de un videoclip (todos lo hemos hecho), solo que asociadas exclusivamente a mundos de ficción elaborados, no a MTV.

Tiburón, uno de los grandes trabajos de John Williams

 Pero el punto especial que diferencia a una melodía comercial (con letra, normalmente) de una banda sonora instrumental es, precisamente, esa ambición superior que tiene, ese susurro que busca provocar emociones delante de la pantalla, sin que nadie se de cuenta de que la culpa es suya. Su función básica. El decir todo sin decir nada. Así, otorga a las piezas un matiz extra, una vez estas “escapan” de su jaula visual y empiezan a formar parte del mundo real. Porque entonces la vida misma se convierte en una película de mafias, en unas serie de superhéroes, o en un videojuego de fantasía.

 En un mundo con exceso de estímulos visuales, con demasiadas palabras vacías y diálogos innecesarios, las bandas sonoras aportan la emoción, la épica de la ficción a la que acudimos para escapar de la rutina. Sí, como la música, en general. Al fin y al cabo, las bandas sonoras también pueden ser las canciones más míticas aplicadas a una historia (véase Guardianes de la Galaxia con sus éxitos setenteros y ochenteros, por ejemplo). Cada cual escoge la que quiere. Todos necesitamos una en nuestra vida para recordarnos que sentir no es algo malo, sino algo natural. Así que, cuando la música te susurre, no te contengas. Siente. Ella solo hace su trabajo. Darte una experiencia inolvidable.

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