Haciendo el amor con su ego. Una despedida para David Bowie.

By 11 enero, 2016general

Por Guillermo Sancho Perales.

 

Los principios de año son detestables, siempre pasa algo terrible en las dos primeras semanas. Una catástrofe natural, una masacre, la vuelta de la plena actividad política o una muerte inesperada. La muerte nos ha llegado por la mañana en forma de titular poco creíble todavía a estas horas, o quizá es que tengo demasiada confianza en que todo sea un chiste. La muerte ha señalado a muchas personas en una hoy, su gesto ha sido plural, indiscriminado, discrecional. No se lleva a un hombre sino a un múltiplo. Y es justo hacer el repaso, porque tal afán de multiplicarse o de dividirse en mil facetas se ha visto en contadas ocasiones en la Historia del Arte (Leonardo, Miguel Ángel, Bernini, Picasso, Chaplin… la lista es escueta). Así que hoy nos despertamos huérfanos de un viajero interestelar pero también de un padre con los pies bien pegados al suelo, de un rockstar grandilocuente, del crooner más minimalista y del músico industrial, del mod y del gurú de los setenta. Perdemos a un blasfemo y al sumo sacerdote que descubrimos en Wembley oficiando un funeral, a una extravagante criatura glam y a un perfecto caballero británico, un saludo a la iconografía de Inglaterra y un rotundo no al título de sir, un neoyorquino nacido en Londres. Se aleja de nosotros un suicida frustrado del R’n’R y un Lázaro que se levantó y anduvo, pesimista y experimentador, para autorretratarse como una Estrella Negra. Y nos cuentan que la muerte se nos lleva además a un huraño crepuscular, pero también a un frontman de sonrisa perenne. A un promiscuo marciano, a un autopromotor inapelable, a un paladín de la ambigüedad, a un músico sin igual y a un versátil actor. A un ser humano especial. Tan especial. Nos regaló un disco en su cumpleaños, hace tres días. ¿Qué se puede añadir a eso?

Y ahora caigo en la cuenta de que lo que más amo de él es lo que más odié. Su afición por el mimo siempre me provocó repulsión, así como su maldito corte de pelo en Aladdin Sane o determinados experimentos electrónicos. Pero ¿qué puede demostrar más talento que el de disparar a mil dianas y resultar un dios en tantas de ellas? Su atrevimiento era su mejor credencial. El artista más osado y multidisciplinar ha muerto. Bowie significa demasiado para mí, y ahora no sé muy bien qué hacer. Es energía libre, nada más. Y como Ziggy, me gusta creer que ahora estará haciendo el amor con su ego.

X