Alondra Bentley fue mucho más que paz.

By 28 febrero, 2016general, musica, socios

Voy a tener que desdecirme. O mejor, voy a tener que matizarme. Porque titulé la previa de Alondra “La paz sea contigo”, pero el concierto de ayer fue mucho más que paz.

No está de más decir que la artista y su banda tuvieron que capear ayer un buen temporal. El cielo zaragozano no invitaba para nada a salir a la calle, pero el respetable arropó a los músicos como es debido. Y desde el escenario nos devolvieron la caricia. Caricia que empezó con una sosegada Pegasus, y aquí mi primer error: creí que esa sería la tónica. Sin embargo el concierto continuó con un What will you dream que hizo que nos removiéramos en nuestras butacas. Las cabezas se movían y los pies golpeaban el suelo. Y eso no lo esperaba yo. Por ahí siguieron los derroteros, y empezaron las ramificaciones. Liderada por una extrañamente carismática frontwoman (y me refiero a la extrañeza que me causó el encontrar un gran poder en su amable dulzura), una banda de multiinstrumentistas nos llevó a latitudes mucho más occidentales de las que limita el Muro de Adriano. Además de los consabidos guitarra, bajo y batería, hubo teclados, maracas, trompetas, fliscornos y banjos (y una cejilla usada como slide ¡¿?!) Y vuelvo a matizarme, el ambiente iba más allá de lo celta. Es un matiz importante,  porque se/nos pusieron muy dixieland con Giants are windmills, pero de New Orleans volvieron a Gran Bretaña a base de momentos sergeantpepperizantes por gentileza de los vientos, y nuevo viaje a América para regalarnos una cierta épica Motown. Grandes coros y arreglos me hicieron sufrir un poco. Servidor se ha subido alguna que otra vez a un escenario, pero lo de ayer fue una constatación de lo que le faltó por conseguir: sonar precioso.

Dot dot dot, nos enamoró y encumbró a Alondra como gran defensora de sí misma en solitario. Don’t Worry Daddy nos convirtió en Paul Newman paseando en bici a Katharine Ross y el final, la hermosa My sister and me, me la guardo en la memoria como obsequio personal, porque entre el público estábamos my sister and me.

Como colofón se mostró sumamente agradecida por la asistencia del público, y fue pródiga en menciones, a las que bautizó como sus conexiones zaragozanas. Entre otras referencias, incluidas las geográficas, nombró con afecto a Javier Vicente Carasueño, que hizo las mezclas de su último disco, y a Javier Roldón, responsable del mastering del mismo. Resolutions es un brillante, exquisito resultado, y el de ayer fue un brillante, exquisito concierto.

Queda sugerir que sigan con atención el camino de esta mujer. Porque de algo no me voy a desdecir. Y es que la belleza de la música de Alondra, esto es incuestionable, no admite ningún matiz.

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