16 años no son nada

By 23 junio, 2016general, musica

eLa Lata de Bombillas es un referente de la actividad musical de la noche zaragozana. Lo demuestra tanto con su actividad cotidiana que programa en la propia sala como con eventos especiales como el que tuvo lugar el pasado fin de semana en Las Armas. El año pasado La Lata de Bombilla decidió celebrar su decimoquinto aniversario con el 15 Fest, que este año se han mantenido con el 16 Fest.

El encargado de abrir el festival fue El Brindador con su lánguido indie folk de inevitables reminiscencias francesas. Ese país es del que procede Eric Cihigoyenetche, el hombre detrás del proyecto, y que desde hace tiempo está afincado en Zaragoza. En una magnífica idea se aprovechó el actual buen tiempo para que El Brindador actuara al aire libre en la plaza Mariano de Cavia, junto a Las Armas. De esta manera el evento se pudo dar a conocer a los paseantes, a los vecinos del barrio y en general a los que no son habituales de este tipo de eventos.

Los siguientes en actuar ya en el interior y estrenar el escenario de Las Armas fueron Tulsa. Estos madrileños desplegaron su repertorio de indie pop marcado por la fragilidad de su sonido. Su cantante, Miren Iza, consiguió conmover a la audiencia con su melancólica voz que narraba historias en las que no siempre había un final feliz.

La tercera banda en actuar fue Último Vecino. Este grupo cuenta hasta el momento con dos discos publicados en tres años de carrera y fueron la sorpresa del cartel. Al contrario que su juventud, su sonido era de aire clásico y mezclaba el post punk y el synthpop de principios de los 80 y, en especial, recordaba en algunos momentos a New Order, lo cual nunca es una mala referencia.

El penúltimo artista en actuar fue La Bien Querida. Ana Fernández salió al escenario bien escoltada a la guitarra por David Rodríguez, exmiembro de Beef y actual productor de la cantante. Ambos hicieron un recorrido por los cuatro discos de la Bien Querida y su transición desde los sonidos del sur de la Península Ibérica a los más sintéticos. Rodríguez puso la energía con las seis cuerdas y la distorsión y Fernández la emoción a la voz cuando conseguía congelar la sala con sus silencios.

Para terminar, faltaba el plato fuerte de la noche: Mujeres. Éste fue uno de esos conciertos en los que se nota que tanto la banda como el público hacía tiempo que no se veían y tenían tantas ganas de volver a verse que al final es difícil decir cuál de las dos partes disfrutó más. Toda la sala se vino arriba al corear algunas de sus canciones que ya parecen himnos como «Aquellos ojos» o «Vivir sin ti». Épicos también fueron los bailes que desataron sus versiones de «No volveré» de Kokoshca y «Run, run, run» de The Velvet Underground. Y tan arriba como se vino el público, abajo se fue la banda, al menos su bajista que dio el final del concierto en la platea rodeado por los asistentes.

Con todo lo visto, y sólo en el primero de los dos días del festival, sólo se puede desear que La Lata de bombillas cumpla muchos años más.

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