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Voz para tan triste noticia

By 11 noviembre, 2016musica

El mundo pierde profundidad. Hay una voz para lo íntimamente hondo, un timbre para dar esta triste noticia. La suma de lo cotidiano con lo divino en versos cortos que habitan en letanías infinitas: me parece un estilo excelente para explicar lo que es tan poco agradable de decir.

Leonard Cohen, dios del susurro en tu oído, se ha perdido en algún páramo del que no volveremos a verle regresar, como sí pudimos hacer en su milagrosa (y para él onerosa) última gira. El amateur tardío ha muerto octogenario y después de una vuelta a los escenarios con la que (espero) pudo recuperar cierta calma tras el varapalo, lo que analizo desde una suerte de justicia poética. Es la justicia debida a un poeta que se la jugó en el momento de la emergencia, jugueteando con su judaísmo para regalar unas hermosas flores a Hitler.

Ese me parece el momento supremo de la trayectoria artística de Cohen. Sea por afán de provocación y salto a la palestra de las letras o por puro ánimo de indulto hitleriano, su tercer poemario, mucho antes de colocarse detrás de una guitarra, le situaba a la contra de una comunidad herida. ¿Qué puede haber más valiente, más temerario que ese gesto?

Nadie lee la poesía como sus propios autores, y la idea de ponerse manos a la obra desvió su trayectoria para bien. El modo de recitar de LC ha creado una escuela que se resume en conceptos como elegancia, hondura, circunspección. Pero ay de aquel que por tener una voz profunda se crea capaz. Todos sabemos lo que es el odio, la ambición y el amor, pero no todos somos Shakespeare.

Lo último que leí de Leonard Cohen fue su valoración al respecto del polémico último Nobel de Literatura. Aseguró que concedérselo a Dylan era como poner una medalla al Everest. Pienso que dárselo a Cohen hubiera sido como otorgar un galardón a la fosa de las Marianas. Pero el mundo no hará nunca de un ser así un ídolo de masas planetario y la tecnología jamás nos proporcionará un batiscafo que descienda a según qué simas.

Si sirve de algo (que no) aquí el homenaje de Las Armas, y si con ello se puede dar una medida (que tampoco) de su Arte, escuchen esta canción, Avalanche. Un arpegio a toda leche en pugna con un recitado imperturbable y sombrío.

Es una lucha de opuestos, algo que no podía ser pero resulta inevitable. Como ciertas noticias, se canten como se canten.

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