Un cuento de hadas llamado Slap!

Cuenta la leyenda que en un tiempo remoto los humanos y las hadas convivían en armonía en una misma realidad, hasta que poco, a poco, por culpa del ruido y la contaminación, el hombre se fue distanciando de la naturaleza y, por ende, de todos los seres mágicos.

Así fue como las hadas se trasladaron a una dimensión paralela, a un plano sobrenatural ubicado, a la vez, en todos los rincones del bosque y en ninguno, a un universo de fantasía que casi nunca se cruza con el nuestro. Casi nunca.

En contadas ocasiones, sea por un despiste o por alguna travesura, se abre la puerta que conecta ambos mundos, y los privilegiados que la cruzan pueden participar de un tiempo y un espacio que en nada se asemeja al de los mortales, vivenciar con nuevos sentidos el aroma de la hierba, el murmullo del arroyo, la caricia de la brisa…  pueden formar parte –en definitiva– de la misma naturaleza que un día los vio nacer, de ese principio esencial que todos los seres compartimos con el Cosmos y la Madre Tierra.

Ya disculparán este rollito “profeta de la New Age” –si me descuido, acabo de Hare Khrisna–, pero es que toda retórica es poca cuando se trata de describir lo sublime, lo insuperable. Y nada puede superar esa sensación de evadirse de tanto en cuanto de las preocupaciones y sumergirse en un entorno paradisíaco donde abunden  las alegría y las sonrisas, los néctares y los manjares, las náyades y los duendes.

Perdón… ¿he dicho que nada puede superarlo? En realidad, sí que hay algo: hacer todo lo anterior… con música.

¡La música! ¡Ah, la música! Cuentan que cuando el Gran Creador ya daba por terminado su trabajo,  tras engendrar mares, ríos, y montañas, cayó de pronto en la cuenta de que se había olvidado de la guinda del pastel, del elemento culminante, del factor que había de dar sentido al conjunto de su obra…¡Se había olvidado de la música! Y así fue como creó a las hadas, para que llenaran el mundo de música.

Por eso las hadas aman el funky, el blues y el bogaloo. El soul, el ska, y el rap. El country, la bossa nova y el rythm n’ blues. No sólo los aman, sino que poseen un increíble talento para interpretarlos, y  una voz prodigiosa para cantar. ¿Y qué decir del baile? Las hadas adoran reunirse formando un corro y danzar a su alrededor de forma alegre y descontrolada.

Las hadas aman la vida, y saben que la música es el ingrediente secreto de la perfección.

Como pueden suponer, pocas cosas hay más difíciles que adivinar cuándo y dónde se abrirá la puerta que conecta nuestro mundo con el de las hadas. Pero hoy les contaré un secreto: esa puerta se abrirá el próximo fin de semana en el Slap. No crean que para mí es fácil hacer esta revelación. Como siempre sucede con los grandes secretos, he sufrido la tentación de guardármelo para mí. Pero no sería justo. Ustedes merecen saberlo. Ustedes merecen vivirlo.

Eso sí, debo advertirles que para nosotros, los humanos, escuchar a las hadas puede ser incluso peligroso, pues, al igual que sucede con las sirenas, su voz es tan dulce y sugerente que nos hechiza y nos hace perder la conciencia. Del mismo modo, al contemplar su baile, sentimos la necesidad  incontrolable de unirnos a su círculo, arriesgándonos a quedar atrapados en su mundo.

Y sin embargo… ¿no merece la pena correr tales riesgos? ¿Acaso han oído hablar de algo que se parezca más a la felicidad?

Nos vemos al otro lado del espejo. Nos vemos en el Slap.

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