Bowie se va de Carnaval

By 2 febrero, 2016gastronomia, general, musica, socios

Escribe uno estas líneas desde el futuro, eso sí, un futuro cercano, ya que no es fácil realizar una descomposición molecular y prolongarla en la continuidad para desplazarse en el tiempo. De hecho, espero que cuando lea esto y ya sea el presente se haya cumplido todo lo que ahora mismo, desde el futuro, estoy contemplando. Si no es así, prometo no realizar jamás viajes en el tiempo y centrarme en la física de neutrinos.

Es 6 de Febrero y he amanecido algo cansado. La noche anterior había resultado ser un suplicio ya que mi vecino había hecho una fiesta en su casa y por desgracia para mí, su nefasto gusto musical había conseguido mantenerme en vela hasta las 3 de  la madrugada. Sin embargo, aunque me levanté más legañoso que de costumbre, las ganas por comenzar un día caracterizado de mi ídolo juvenil consiguieron levantarame de la cama ipso facto.

Me preparé un café con galletas mientras escuchaba la radio y fumaba un cigarrillo. No hacía frío pero el cielo estaba teñido de nubes y el sol permanecía escondido, como con miedo a mostrar su magnificencia. Me tomé mi desayuno súbitamente y me di una ducha caliente. A mi edad, esas duchas eran muy reconfortantes y templaban mi espíritu. Además, conseguían paliar en gran medida el escozor de mis varices.

Salí de la ducha con aire renovado y una energía desmesurada. Parecía que mi vitalismo llenaba todo el universo. Ese día todo parecía ir rodado. El destino había querido que yo, un hombre gordo de mediana edad sin aspiración ninguna, pudiera ser por unas horas el gran ídolo que tan buenos momentos me había dado. Estaba contento y emocionado y sabía que todo iría bien.

Pasé la tarde leyendo la prensa. Al parecer todos los gobiernos del mundo habían sido derrocados por una fuerza extraterrestre y ahora la paz y el amor inundaban todos los rincones del planeta. Decían que las guerras habían terminado y que ahora el mundo sería un lugar mejor. No me lo creí del todo.

Antes de salir de casa, fui al desván y abrí el cajón de mi ropa juvenil. Los colores brillantes iluminaron el techo como un arco iris resplandeciente. No cabía duda, allí se encontraba mi ropa de los años 80. Seleccioné meticulosamente un pantalón azul mate y una camisa color cobre y me pinté la cara. Blanca con un rayo rojo cubriéndome el ojo derecho. Ahora sí, estaba preparado. Bowie estaría orgulloso de mí, pensé para mis adentros.

Salí a la calle con paso parsimonioso. El día había cambiado y el sol brillaba en lo alto. Llegué a la plaza de Las Armas y enseguida me sorprendió la muchedumbre. Los niños se agolpaban alrededor de un teatro. Al parecer estaban representando la historia de la música a través de los ojos de un tal Jaime Marrón. Decían que fue un artista como ninguno, capaz de dislocarse las dos caderas a ritmo de funk mientras hacía el spagat. Algunos niños sostenían globos con formas variopintas o tenían la cara pintada de graciosos animales. El nexo común de toda esa gente era su ropa. Todos parecían ir disfrazados así que de momento mi caracterización no tuvo demasiado éxito y pasé desapercibido.

A las 9 me entró un hambre feroz. Sabía que tenía que reponer fuerzas para lo que se avecinaba así que me dirigí a la cafetería más cercana. Me sorprendió el menú. 2 platos configuraban algo que llamaban cena carnavalesca. Cádiz y Gran Canarias estaban exquisitos y salí de allí con el ánimo más alto. Ahora sí, sabía que esta noche sería algo grande para mí. Entrar gratis a Las Armas durante todo el año para disfrutar de los conciertos estaba en juego y sabía que no podía fallar.

A las 00:00h empunto entré en Las Armas. Un mundo de colores y bailes acompasados me dieron la bienvenida. Enseguida dejé de ser yo mismo. Ahora era Bowie y tenía que estar a la altura. Allí estaban compañeros de profesión de toda la vida. Los grandes genios del siglo XX me miraron desconfiados. Bob Marley me ofreció una copa y una tal Chavela Bargas me pidió un pitillo. Al parecer todas las personas habían transfigurado en artistas de la música. Me bebí la copa de trago, a lo Bowie. En el escenario aparecieron 2 personas bien conocidas. Eran Quequé de El Club de la Comedia y Miguel de Caiga quien Caiga. Empezaron a poner canciones muy bailables y todos los presentes nos quedamos anonadados. De vez en cuando cogían el micro y alentaban al baile desenfrenado. La sala era una masa desaforada moviéndose al ritmo de las canciones. Las notas fluían y los cuerpos también. Algunas horas más tarde, una voz dijo que un tal Beethoven había ganado el concurso de disfraces y que podría entrar gratis durante todo el año a todos los conciertos. No lo entendí. Un compositor clásico asistiendo a un concierto de pot-punk pensé. Creo que no sabría aprovechar tal valioso regalo. Se acabó el último baile y me fui a casa exhausto y cansado. Había bailado a lo Bowie toda la noche y me lo había pasado genial. Acabé en casa con Bob Dylan, Marilyn Monroe y Jarvis Cocker. Estaba feliz. Al año que viene más.

INFO

DÍA: 06/02/2016
HORA: Plaza/ Cafetería y Sala Principal

PRECIO

Gratuito Actividades Infantiles en la Plaza
Sala Principal = 10€ + copa (sin disfraz) y 5€ + copa (con cualquier disfraz).
SOCIOS Gratis
PUNTOS DE VENTA: Taquilla

Evento click aquí

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