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Al son de Silvio Suarez

By 27 julio, 2016general

El invierno de 1596 se acercaba, las mañanas cada vez eran más frías y la tripulación comenzaba a notar el cansancio. Dentro de un mes se cumpliría el primer aniversario de su embarco y los marineros empezaban a cansarse de ver cada día las mismas caras, el mismo paisaje, el mismo mar azul. Los alimentos tampoco ayudaban a romper la monotonía: pan y habas los días pares, pan y lentejas los días impares.

El aburrimiento y el agotamiento les llevaban a consumir grandes cantidades de alcohol para aguantar las jornadas. Al principio, el vino y la cerveza eran los tragos diarios. Pero cuando llevaban más de 6 meses, el alcohol más puro y fuerte se abrió paso. El aguardiente se convirtió en uno más de la tripulación. El frío del invierno en altamar se metía en los huesos de los corsarios y el aguardiente les hacía entrar en calor.

Estas no eran las mejores condiciones para vivir. Una alimentación de baja calidad unida a un consumo de alcohol desmesurado convertían a los marineros de la época en hombres faltos de vitamina, de energía, de chispa.

Sin embargo, se oían rumores de una tripulación con unos niveles de vitamina por encima de la media. Se decía que comían o bebía o hacían algún tipo de guiso o de mezcla o de magia que les mantenía bailando todo el día. En los puertos se escuchaba que un tal Bella Unionense Silvio Suarez Díaz era el responsable de que cada noche en cubierta se avistara a toda una tripulación bailando chachachá hasta el amanecer ¿Cómo lo hacía? ¿Qué les contaba? ¿Qué les daba? ¿Cuál era su secreto?

Algo grande se estaba creando. Tan grande que evolucionó, cambió y mejoró. Perdura hasta nuestros días y ha adquirido fama a nivel mundial. Dentro de nada en Las Armas te invitamos a subir a nuestro barco y recuperar el secreto del corsario Silvio Suarez.

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