was successfully added to your cart.

10 Cuadros que debes ver antes de morir

By 31 enero, 2017general

A veces los pinceles son más precisos que la pluma, los lienzos más amplios que cualquier otro papel y los colores, más acertados que ninguna palabra que pueda pasar por nuestra mente. Sin embargo, para apreciarlo, no basta con posar sobre ellos la vista y deslizarnos raudos entre sus formas intentando encontrar un “todo” que de sentido a aquello que tenemos delante de nosotros. Hay que saber acariciar con la mirada cada uno de los trazos que componen la obra. Hay que saber adaptarse al ritmo marcado por su compositor, y descifrar su compás tratando de hacerlo nuestro, al menos, por unos instantes. Porque la esencia del arte radica en eso, en intentar comprender y adueñarnos ­–de forma metafórica– de los sentimientos que se esconden tras cada figura, paisaje o forma.

La única constante del arte es que, en cualquiera de sus manifestaciones, varía enormemente según aquel que la contemple, según sus vivencias, su cultura e, incluso, su esencia. Despierta emociones, perturba, desagrada, pero nunca deja indiferente a nadie. Por este motivo, creo que es demasiado ambicioso citar los diez mejores cuadros de la historia, aunque sí los diez que, desde mi punto de vista, todos debemos contemplar al menos una vez en la vida.

  1. El Jardín de las Delicias – El Bosco

Es un cuadro que, a pesar de estar dividido en tres partes, representa la dualidad por la que se rige el universo; el cielo y el infierno, la luz y la oscuridad, el Bien y el Mal. Su lado izquierdo está dedicado al paraíso terrenal y en él aparece Dios, custodiado por Adán y Eva. El plano central, el que da nombre a esta pintura, alude a un mundo lujurioso, entregado al pecado y dominado por las pasiones más humanas y efímeras. Unas pasiones que abocarán a esas figuras humanas y animales al infierno sombrío y no exento de torturas que aparece representado en el plano derecho del tríptico. Un infierno en el que no solo se castigan los pecados capitales, sino también las conductas censuradas en la sociedad de la época, como el juego o la difusión de rumores.

  1. Guernica – Pablo Picasso

Sin duda, es una de las composiciones más célebres del pintor malagueño. Un grito de protesta contra los horrores de la guerra, contra la violencia. En él se representa el bombardeo perpetrado por varios aviones de la Luftwaffe alemana sobre la ciudad de Guernica, en Vizcaya, durante la Guerra Civil. Es una manifestación en la que no aparecen bombas, rifles, aviones, ni tan siquiera colores más allá del blanco y el negro, pero cuya carga simbólica no es por ello menos potente.

  1. Composición VII – Vassily Kandinsky

Es una composición en la que se hace una oda al color, a la libertad que proporciona la abstracción, y también al “yo” más íntimo del artista. Una mezcla caótica, pero perfectamente medida, que inspira movimiento y que une pintura y grafismo. La intención de Kandinsky, en casi todas sus obras, es hacer vibrar el espíritu del ser humano. Tal y como dijo en alguna ocasión: “En general, el color es un medio para sensibilizar directamente al espíritu. El color es la tecla. El ojo es el martillo. El alma es el piano”.

  1. Melancolía – Edvard Munch

Se trata de un cuadro cargado de introspección psicológica, una “disección del alma”, como solía apuntar el propio pintor. Es un cuadro que establece un claro contraste entre los colores vivos del entorno y la sobriedad que rodea a la figura pensativa; un chico cabizbajo, ensimismado, que parece sumido en sus pensamientos y que se convierte en el protagonista de la composición, dotando a la obra de un profundo sentimiento de soledad y tristeza.

  1. Lluvia, vapor y velocidad – William Turner

Es una pintura en la que Turner muestra su apoyo a la industrialización y al progreso. En él se utiliza el tren para desmaterializar la forma, para estudiar el movimiento, para crear una atmósfera cargada, desdibujada por la lluvia, pero llena de luz.

  1. La noche estrellada – Vincent van Gogh

Es considerado el cuadro más conocido de Van Gogh. En él muestra el paisaje que veía desde su cuarto en el sanatorio Saint-Rémy-de-Provence, donde se refugió al final de su vida. Además de los rasgos exagerados que caracterizan a esta pintura, una de las cosas que merecen ser destacadas es que el artista pintó la obra durante el día, sirviéndose de su memoria.

  1. Restaurante de la Machine en Bougival – Maurice de Vlaminck

Dinamismo, fuerza y pureza de colores resumida en una pintura. El paisaje de Vlaminck escapa de la realidad con una composición fauvista en la que la perspectiva acaba por perderse. Además, en él cada espacio cromático aparece marcado por una línea negra.

  1. Baile en el Moulin Rouge – Toulouse Lautrec

Toulouse Lautrec, a través de esta obra, nos conduce a la sociedad parisina de finales del siglo XIX. En él se ve una perfecta integración con el Moulin Rouge, un templo del ocio que solía frecuentar el artista. En la obra capta la alegría del ambiente, pero también las actitudes, las expresiones de los personajes y, sobre todo, la profundidad. Una sensación que Lautrec consigue con figuras en diferentes planos.

  1. Blue Poles – Jackson Pollock

Es una obra que se aparta del pincel y del caballete, y que, como todas las que proceden del Expresionismo Abstracto, condensan todo un complejo emocional. El artista entra en contacto con el lienzo y somete a sus demonios particulares bajo marañas de pigmentos que siguen una misteriosa lógica interna. Como el mismo Pollock declaró en una ocasión: “El inconsciente es un lado muy importante del arte moderno, y yo creo que las pulsiones inconscientes realmente significan mucho al mirar una pintura”.

  1. La persistencia de la memoria – Salvador Dalí

Es una obra surrealista conocida también como Los relojes derretidos. Representa el triunfo de los sueños, del deseo y de los impulsos más humanos, e intenta aplacar el existencialismo y la angustia del hombre ante su propio destino. Pero también el paso del tiempo, inquebrantable y terriblemente voluble.

Leave a Reply

X